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Ayuda en el momento del tránsito

Hace unos años atendí a una mujer con cáncer. A través de una conexión con su alma o lectura de registros akáshicos, recibió la información de lo que subyacía detrás de la enfermedad, así como los pasos que tenía que dar para liberar ese bloqueo energético que la había llevado a ese punto. Así mismo se le dio unas pautas de alimentación y de descanso. Ella, a un nivel mental  estaba abierta a la posibilidad de la  muerte aunque, a un nivel interno, creía en su sanación, pero no lo suficiente para poner acción. No hizo nada de lo que se le recomendó. Pensaba que el pensamiento positivo por si sólo era suficiente y no es así. La enfermedad era un aviso de rectificar, mirar de un modo nuevo y diferente situaciones de su vida que le habían dañado. Detrás de toda la información recibida por su alma estaba un aprendizaje de amor propio que no realizó en los dos años siguientes que vivió. Ganó la dependencia y el apego que tenía hacia esas situaciones relacionadas con su visión de la pareja y el mundo masculino. Detrás de todo ello estaba la imperiosa necesidad que le había acompañado siempre, del reconocimiento paterno, que nunca tuvo.

 

Al cabo de un tiempo supe que estaba ingresada, terminal. Era una situación más que triste porque justo en ese momento, a sus 59 años, se cumplía uno de sus sueños. Vivir con su hijo del cual llevaba separada más de 16 años. Iba a empezar una vida nueva. No fue posible. Unos días antes la ingresaron. Me lo comunicaron. Sentí el ir a verla para despedirme. En ese momento yo vivía a 800 km de donde ella estaba. Decidí tomar un tren un jueves por la noche, viajar toda la noche y llegar al hospital por la mañana. Por más que lo intenté no logré comprar billete, no porque no hubiera, sino porque la página daba error, la conexión fallaba…etc. Finalmente opté por cambiar la hora del viaje y salir el jueves por la mañana. De nuevo inicié el proceso de compra del billete y en este caso lo compré a la primera. Viajé todo el día y llegué de noche a la ciudad, directamente me dirigí al hospital y ya sentí que era su última noche y entendí porque no había podido comprar el billete de la noche. Pedí a su familia quedarme con ella, todos sabíamos que eran sus últimos momentos. Accedieron. Y les dije que se despidieran y le dieran permiso para irse, por si acaso ocurría en la noche. Así lo hicieron y se fueron. Eran dos hijos jóvenes, abatidos, cansados por mese de enfermedad que agradecían que alguien les ayudase en ese momento. Estuve toda la noche y madrugada tomándola de la mano, desde mi pensamiento y sentimiento me comunicaba con ella. Le decía que no tuviera miedo. Se sentía la presencia de los ángeles y la madre María. Se lo iba indicando. Me consta que ella también los veía. A pesar de estar sedada, con morfina, sin ningún movimiento, de alguna manera se las arreglaba para responder a mis palabras con un leve movimiento de su dedo corazón sobre mi mano. Fue una conversación hermosa, llena de sentido. Ella entraba en confianza y poco a poco se dejaba ir. Ya amaneciendo la dejé por un momento y fui al control de enfermería, vi que tenían una preciosa orquídea violeta y se la pedí prestada por unos momentos a la enfermera que me atendía. Le expliqué la situación pero por sus protocolos me dijo que no. Volví a la habitación y sentí que la orquídea era un simbolismo y que Kuan Yin, representada en aquella flor, estaba allí para acompañarla. Ya no necesitaba la flor. La mujer estaba serena, tranquila, en paz. Sentí el momento en el que se fue, eran las 7:45 de la mañana, la hora a la que llegaba el tren de la noche que no puede tomar. Comprendí por qué.

Avisé a la familia. Llegaron. He iniciaron todo el procedimiento. Me fui a dormir, a ducharme y regresar para casa, pasando antes por el tanatorio a despedirme de la familia. Mi labor había terminado. Labor para la cual su alma me había llamado. Cuando viajaba en el tren sentí algo extraño, como irreal, presté atención y sentí su presencia. Le pregunté que pasaba y me dijo que necesitaba ayuda pues iba a ser incinerada. Envíe un whatsapp a la familia para preguntar por esto y me confirmaron que en dos hora la incineraban. Le ayudé a recoger su energía. Una vez realizado el tránsito el alma necesita de tras días para completar su proceso. Si se incinera antes, no le da tiempo.

Recoger la energía es tomar de nuevo la energía que fue liberando y la que retuvo de los demás, así como de los lugares, circunstancias…es un protocolo de cierre. La incineración no permite este proceso. En el curso veremos cómo se recoge esta energía.

 

Una vez terminado este proceso sentí que ella se iba y mi situación en el tren volvía a la realidad.

 

Siempre que sé que alguien va a ser incinerado le ayudo a recoger su energía. Es para mí una obligación moral.

Con esta experiencia pretendo abrirte a un comprensión de algo quizá hasta ahora desconocido. Cómo es algo muy muy práctico será en el curso donde veamos el procedimiento.